Seguro que has leído mil veces que la natación es uno de los deportes más completos y aconsejables para todo tipo de personas, independientemente de su edad e incluso de su condición física. En el caso de los corredores es especialmente idóneo porque nos permite trabajar músculos importantísimos y que sólo con la carrera a pie no ejercitamos lo suficientemente: core, espalda… Además, nos ayuda a mejorar nuestro estado de forma, a correr más y mejor, ¡y sin impactos! Es decir, que nos permite seguir haciendo deporte en el caso de sufrir alguna de las muchas lesiones derivadas de correr, y nos ayuda, además, a evitar lesiones en el futuro en el caso de que practiquemos la natación como complemento al running. 

¿Son todo ventajas? Absolutamente sí, pero también es cierto que si no has nadado nunca o si no tienes técnica suficiente lo ideal es que antes de tirarte a lo loco a la piscina inviertas un poco de dinero y de tiempo en apuntarte a un curso de iniciación, los hay en casi todas las piscinas públicas y en la gran mayoría de piscinas privadas. Es fundamental. Porque nadar sin saber no es que sea beneficioso, es que incluso puede ser perjudicial hasta para la espalda. Nadar con una correcta técnica es un placer. Nadar con una incorrecta técnica es más parecido a pelearte con el agua para avanzar que a un deporte…

Además de ser el ejercicio más complementario al running, ir a la piscina es una gran elección los meses de más calor, y también ahora con el frío.  Te servirá para trabajar aeróbicamente y mejorar tu fondo, y para mover musculatura distinta a la que empleamos al correr: tríceps, pectorales, dorsales, hombros… Además una sesión suave de natación sirve para relajar los cuádriceps, gemelos, sóleos… de tus piernas, para “soltar”. Muy recomendable a primera hora de la mañana y también el día después de una competición por ejemplo.

¡No todo es correr en la vida!