Aunque pensemos que después de un duro entrenamiento o cuando cruzamos la meta de una competición ya está todo hecho… ¡nos equivocamos! Es esencial, fundamental, volver a la ‘calma’ física tras un esfuerzo intenso y tiene que hacerse de forma progresiva, es decir, sin parones bruscos. Y especialmente importante en épocas de más calor.

En primer lugar, nuestro corazón y nuestra musculatura necesitan desacelerar progresivamente. Además de evitar mareos, el trotar suavemente después de correr fuerte es muy beneficioso para devolver a la normalidad nuestras pulsaciones, la oxigenación de nuestro torrente sanguíneo, el reciclado de sustancias de desecho procedentes de nuestros músculos. Al igual que el motor de un coche, si llevas tu corazón a 180 pulsaciones y te paras de golpe, tu cuerpo reaccionará también de forma más agresiva que si vas bajando la intensidad gradualmente. Es importante que nuestro sistema circulatorio retome la normalidad de forma progresiva.

Esto es interesante también para nuestra musculatura. Enfriar correctamente tras un ejercicio duro empieza a prepararnos para el día siguiente. Correr suave nos ayuda a recuperarnos antes, a mejorar nuestras condiciones para el siguiente entrenamiento o para la próxima carrera.

En muchas pruebas es habitual ver desmayos en la línea de meta, y normalmente se deben a los sobreesfuerzos y a parar bruscamente la actividad. Cuando cruzamos la meta, debemos seguir trotando, mantenernos activos, no parar de golpe. Nuestro organismo sigue necesitando esos minutos de desaceleración para volver a sentirse bien. Bajar las pulsaciones, ese es uno de los grandes objetivos.

Además, este enfriamiento es esencial antes de ponernos a estirar. Con 5 ó 10 minutos es más que suficiente.

Tras la fase de ‘enfriar’, deben llegar los estiramientos o incluso un baño frío o de contrastes (frío-calor) en la ducha. Y sobre todo, no olvides abrigarte convenientemente para evitar resfriados en este momento crítico.