Esta es una de las cuestiones que casi todos nos hacemos cuando entrenamos, porque habitualmente corremos a ritmos más lentos que el día de la competición, y porque, milagrosamente, el “Día D” somos capaces de correr mucho más rápido que los días que entrenamos. Para no ir al examen sin haber ‘memorizado’ nuestro ritmo de competición en este post tienes algunos tipos de entrenamientos previos que te pueden ayudar a saber en qué momento de forma estás y, sobre todo, si puedes correr al ritmo al que deseas, o no.

El entrenamiento de “ritmo de carrera” es un clásico que a veces se nos ‘atraganta’, pero cualquier domingo es bueno para hacer esta simulación de la competición, que nos dará mucha confianza. Además, es una buena excusa para hacerlo con los compañeros de entrenamiento y luego celebrarlo tomándonos una cerveza.

Básicamente consiste en testarnos al menos una vez al mes. Corre unos 10-12 km al ritmo al que quieres correr una media maratón o maratón (para maratón tal vez deberías hacer entre 15 y 20). Previamente calienta unos 15 minutos, y luego enfría unos 10. A veces este test sirve para ‘bajarnos’ los humos, o para reafirmarnos. Además, podemos aprovechar para probar los geles e intentar acostumbrarnos a beber líquidos durante la carrera, a la misma velocidad a la que competiremos.

Otra opción es hacer una tirada larga dominical y aprovechar el último tercio de la misma para ir progresivamente acelerando e incluso terminar más rápido de lo que tienes pensado competir.

Este tipo de entrenamientos, además de ser divertidos siempre y cuando no te pases con el ritmo, te ayudarán a conocer tu cuerpo mejor, a correr de forma más eficiente y cercana al día para el que te estás preparando, e incluso acostumbrarás a tu organismo a sentirse igual que el día de la competición.

Estos entrenamientos no suelen ser lesivos, pero sí que debes hacerlos con el cuerpo relativamente descansado (no hagas series el día antes, o pesas, cuestas…).