El maldito estrés. Sin duda es uno de los grandes males del siglo XXI, y nos acompaña a diario. Correr nos puede librar de él, sin duda, pero correr también puede ser algo estresante… ¡tómatelo con calma! 

El running es un acto liberador para nuestra mente y cuerpo, y lo han dicho y constatado muchos psicólogos y psiquiatras, desde Luis Rojas Marcos (“Correr es el mejor antidepresivo natural, se lo ‘receto’ a muchos de mis pacientes”) o el gran José Carlos Jaenes, uno de los mejores psicólogos deportivos del mundo y enorme maratoniano. Pero también correr puede ser una pesada losa en nuestro día a día si nos los tomamos como una obligación más, como si fuéramos profesionales. 

Lo de correr con estrés o sin estrés a veces está delimitado por una delgada línea roja que marca la diferencia entre ir a correr a la calle, con ganas e ilusión, o ir a correr de mal humor o contrariado, sin ganas, con presión… Cierto

‘estrés competitivo’ o ‘pre-competitivo’ puede ser hasta bueno para lograr alcanzar una marca determinada o ganarle en una carrera al vecino del quinto, pero un exceso de presión puede convertir nuestro hobby, nuestra pasión (¡nonos olvidemos!), en una tortura que nos exprime.

La solución es muy fácil… Basta con que a solas pienses si todo el esfuerzo, si todo el entrenamiento, si todo lo que quitas de tu vida (tiempo con amigos o familia, tiempo de descanso, comidas, ocio…) merece la pena con tal de conseguir el reto deportivo que te has marcado. Disfrutar haciendo deporte debería ser parte del juego. 

Y para ti, ¿correr es un gran placer o se ha convertido en una rutina? 

Por cierto, si quieres correr de forma distinta, mucho más distendido, vente con los Beer Runners de tu ciudad ;) ¡De pasarlo bien sabemos un rato!