El descanso es una parte esencial del entrenamiento. Tanto que incluso es mejor entrenar de menos que de más. Las rutinas diarias de los deportistas de élite incluyen más horas de sueño que las de cualquier persona normal. A mayor actividad física las personas necesitamos más sueño (y de calidad) para reponer el organismo y recuperar energía.

Durante la vigilia asimilamos también el trabajo realizado durante la jornada y, ojo, es esencial para evitar lesiones y problemas físicos. Además, es habitual que en períodos de mucho entrenamiento y en los que no descansamos las suficientes horas se resienta nuestro sistema inmunitario  y aumentamos el riesgo de sufrir resfriados, infecciones… Con las defensas bajas enfermaremos con más facilidad y tendremos que parar forzosamente de hacer deporte.

Así que la mejora en el rendimiento deportivo viene de la mano de un buen descanso, de horas de sueño, no sólo de entrenar.

¿Qué puedo hacer para dormir más y mejor? 

Lo primero es intentar crear una rutina diaria que nos ayude a conciliar el sueño. Evita móviles, televisión, ordenador y estrés (laboral y tecnológico) entre 2 y 3 horas antes de dormir. No hagas entrenamientos muy tarde porque te costará conciliar el sueño cuando te metas en la cama.

Casi todos hemos sufrido la noche antes de una carrera algo de insomnio. Los nervios, la excitación… es normal. Lo

importante en las semanas de competición o ante tu gran cita deportiva del año es dormir bien los días previos, no sólo la noche antes. No le des demasiada importancia a la noche previa, aunque lo ideal sea dormirla como un bebé. Si durante esa semana has descansado bien seguro que el “día D” rendirás bien.

El descanso no es sólo dormir. También estar acostado, o sentado con las piernas en alto, ayudarán a tu organismo a recuperarse y a preparar el siguiente entrenamiento. Estar muchas horas de pie, o paseando nos desgastan muchísimo.

La recuperación, el descanso, el sueño… ¡todo se entrena! Intenta encontrar una rutina diaria que te funcione, y repítela cada día. Por ejemplo leer una hora antes de meterte en la cama, o incluso hacerlo ya acostado.

Prácticamente dedicamos un tercio de nuestra vida a dormir. Así que un sueño de calidad y reparador nos hará vivir los otros dos tercios a tope, ¡y rendir más como corredores!