Celebremos el día internacional de la sonrisa (primer viernes de octubre cada año) corriendo de buen rollo, saludando a todos los que nos cruzamos en nuestro camino, compartiendo alegría y talante. Correr es un placer enorme, y si para nosotros es sinónimo de sufrimiento casi siempre es que hay algo que estamos haciendo mal… ¡seguro!

Correr nos libera del estrés, del mal rollo, de la dictadura de los horarios y de las obligaciones. Nada como imaginar el emoticono de la sonrisa que creó Harvey Ball, el diseñador de los archiconocidos ‘Smileys’, para recordarnos por qué corremos. Una sonrisa en el rostro, incluso en pleno esfuerzo como hacía Haile Gebrselassie o como ahora hace el nuevo recórdman mundial de maratón Eliud Kipchoge, nos hace mejores personas… ¡y corredores!

“Cuando sufro, sonrío para convencerme de que estoy feliz” aseguró Kipchoge después de intentar bajar de 2 horas en Monza en el proyecto ‘Breaking2’. Y volvió a hacerlo en septiembre en Berlín. Sonreír es parte de una estrategia mental para encarar la vida, los problemas, o incluso el running, de otra forma, mucho más distendida, inteligente y agradable. Sonreír nos hace sentirnos mejor, siempre, sea en el kilómetro 38 de un maratón, en la línea de salida de una carrera Beer Runners como la que viviremos en Córdoba, o compartiendo unas cervezas y unas tapas tras cruzar la meta de nuestro próximo objetivo. Con o sin dorsal, el buen rollo y la alegría es un plus para todo lo que intentemos hacer.

El enfoque con el que nos planteamos una carrera o un entrenamiento es esencial en cuanto a rendimiento. Relajados, optimistas y sonrientes nuestra mente y nuestro cuerpo “trabajan” mejor. La determinación e incluso la concentración no están reñidas con el buen humor. Al contrario.

“El poder de la sonrisa” es ilimitado. Si el maratoniano más rápido de la historia bate el récord del mundo y lleva por bandera esa filosofía de vida, nosotros, Beer Runners, corredores ‘recreacionales’ o populares, ¿por qué no?