El papel de nuestro cerebro cuando corremos es absolutamente primordial. Cuando entrenamos entre semana, también entrenamos nuestra mente, nuestra fuerza mental, nuestra resistencia al esfuerzo. Mucho se ha hablado del porcentaje de influencia de nuestros pensamientos en el rendimiento físico en carrera, de si una mente ‘poderosa’ nos hace correr más rápido y más lejos, de si somos capaces de evadirnos del cansancio y de los malos pensamientos tipo “tengo que parar, no puedo más” sólo usando nuestra cabeza.

Seguro que si has corrido alguna vez una prueba de larga distancia, desde una media maratón hasta un ultra trail, pasando por el maratón, tu mente ha pasado por todas estas etapas, como si de una montaña rusa se tratara. Estas subidas y bajadas de actitud, de pensamientos, son comunes a los corredores profesionales y a los que debutamos. Nuestro cerebro puede ser un gran aliado, o el peor enemigo.

ANTES DE LA CARRERA

“¿Qué hago aquí? ¿Por qué me meto en estos líos? ¿Si a mí lo que me gusta es correr tranquilo en el parque, no competir? ¿Qué necesidad tengo?” Estos son, sin duda, los pensamientos más recurrentes antes de una competición, cuando estás desayunando, si vas en coche o en bus a la salida, la noche antes de un maratón dando vueltas a la almohada…

Afortunadamente, nuestra mente nos ayuda a darle la vuelta a la situación y mezclamos estos pensamientos con “¡Esto es muy divertido! ¡Corro para disfrutar! ¡Hoy voy a lograr mi mejor marca! ¡Voy a lograr el reto de llegar a meta!”.

A este pesimismo-euforia casi consecutivo suele sucederle un momento de ‘responsabilidad’, ese de calma interior y concentración cuando estamos ya en la línea de salida rodeados de otros runners, justo antes del pistoletazo de salida.

DURANTE LA CARRERA

¡Pum! Una marea de corredores comienza a dar zancada tras pasar el arco, y el ruido de la megafonía, speaker… suele dejar paso al silencio, al sonido de los pies impactando con el suelo, la respiración agitada. Los primeros kilómetros siempre son de recogimiento, uno escucha a su propio cuerpo, sus sensaciones, e intenta amoldar el ritmo y la velocidad al estado de forma o a la marca objetivo que se persiga. Pero, siempre antes de la mitad de carrera, suelen llegar las dudas a nuestra mente: ¿Aguantaré este ritmo? ¿He salido demasiado fuerte? ¿Estoy pecando de conservador?

Tras los pensamientos negativos casi siempre llegan los positivos, empezamos a encontrarnos bien, nuestro cuerpo ha entrado en calor y los kilómetros empiezan a pasar rápido. Por ejemplo, en un maratón siempre hay dudas antes de la media maratón, pero de forma sorprendente se suman y suman kilómetros y se te pasa volando hasta el kilómetro 25-26 (si estás bien entrenado claro). Es curioso cómo has hecho más de la mitad de la prueba y casi no te has enterado.

El problema suele llegar cuando se sobrepasa la barrera del 75-80% de la distancia. Es ahí cuando el físico empieza a dar muestras de cansancio en cualquier distancia, envía impulsos y señales a nuestro cerebro y éste empieza a jugarnos malas pasadas. En el maratón y en los ultra trails lo llamamos ‘El Muro’, y es que cuando dejamos de usar glucógeno para tirar de las grasas en nuestro organismo, un ‘combustible’ para nuestra musculatura de peor calidad, nuestra mente entra en acción. Aquí es donde tenemos que ser muy fuertes y autoconvencernos de que sí que podemos, que nada nos va a parar en nuestro camino a la meta. Es positivo intentar imaginarnos cruzando la meta, o pensar en lo poco que queda para terminar mejor que en todos los kilómetros que tenemos que recorrer todavía. Concentrarnos en nosotros mismos también es un buen ejercicio para superar de la mejor forma posible este bache.

Curiosamente, cuando encaramos el último kilómetro todo parece solucionarse, el subidón es enorme y, milagrosamente, somos capaces de aumentar el ritmo, de esprintar, de correr más rápido y más cómodos que antes. No lo dudes, tu mente también tiene un papel fundamental, ya que sabe que el final está cerca y nos permite liberarnos para acometer el último esfuerzo.

TRAS LA CARRERA

A no ser que no hayamos logrado nuestro reto, la liberación total tras cruzar la meta nos traslada a un estado de emoción y felicidad enorme, sobre todo mientras mayor es la distancia recorrida. Es habitual que se escapen lágrimas tras completar los míticos 42.195 metros, o tras un duro trail. Si no has logrado cumplir tus objetivos, intenta disfrutar, hay carreras todos los fines de semana, y el mejor y más bonito reto es correr muchos años, ello te ayudará a relativizar cualquier pequeño fracaso.

Y nosotros que somos Beer Runners tenemos además otro momento que añadir a las carreras: ¡la cerveza posterior! En nuestra recompensa y en la charla post carrera con los compañer@s hay mucha vida, mucha ilusión y alegría. Y aquí, la mente no nos juega malas pasadas.