Las nuevas tecnologías son geniales, como las apps en el móvil, los fantásticos relojes-gps que nos ayudan a saber a qué ritmo hemos corrido (o vamos corriendo) y que nos ofrecen multitud de datos para analizar tras terminar el entrenamiento o la carrera de turno… Pero, a veces, es bueno volver a los orígenes y desaprender lo aprendido. 

Los más veteranos son capaces de decir al ritmo al que corren en cada momento de forma aproximada casi sin margen de error, y sin necesidad de mirar a la pantalla del reloj. Este conocimiento de tu estado de forma, de tu entorno, de ti mismo, es esencial para no pasarnos en los entrenamientos y en las carreras. El cuerpo no reacciona igual todos los días, y empeñarnos en seguir un ritmo de “X” minutos el kilómetro puede ser un error si es un objetivo en sí mismo. 

Eso sí, muchos corredores han aprendido a correr mirando la pantalla del móvil o del gps, y tienen dificultades para intuir con certeza a qué ritmo van si no usan la tecnología. El ser humano lleva corriendo milenios y conocer nuestra velocidad aproximada mientras nos movemos es una habilidad que a poco que la entrenemos, seremos capaces de ‘rescatarla’. 

Esto no es un alegato anti-gps, al contrario, son muy útiles, un invento extraordinario, pero sí que es bueno conocerse mejor y saber escuchar a tu propio cuerpo sin interferencias. Además, aunque algunos se siguen extrañando, los GPS y especialmente los móviles tienen un margen de error que pueden echar al traste tu estrategia en carrera. Si corres entre grandes edificios, o rodeado de muchos árboles, o en un circuito con muchas curvas, la precisión disminuye considerablemente. 

Lo ideal es que cada vez mires menos tu gps al correr. Incluso que midas un circuito en el que te guste correr y si tienes que darle vueltas vayas haciendo ‘laps’ en tu antiguo reloj de forma manual y aprendas a calcular el ritmo exacto al que vas. Lamentablemente, hay muchas ocasiones en las que forzamos el ritmo demasiado en una carrera al principio siguiendo ciegamente nuestro gps y luego vemos que los puntos kilométricos oficiales de la organización no corresponden con lo que ‘pita’ en nuestro reloj. Y lo peor es que en ese caso o has corrido más rápido o más lento de lo planeado. 

No guardes el gps en un cajón, al contrario. Úsalo con cabeza y sentido común.