No debes exigirte tanto en las carreras. Es curioso ver cómo los profesionales sí son conscientes de medir su esfuerzo a la hora de predecir su rendimiento en una competición en función de múltiples variables que afectan a nuestro organismo. Sin embargo, los que somos corredores populares nos creemos “hombres y mujeres de hierro” a los que no nos afectan cuestiones tan importantes como: humedad, temperatura, viento, altitud… Sin contar ya con otras cosas que arrastramos de nuestro día a día como puede ser el cansancio acumulado por el trabajo, estudios u horarios, estrés, obligaciones y compromisos familiares o laborales…

Cualquier maratoniano profesional, como los que intentaron batir el récord del mundo de maratón en Berlín este pasado mes de septiembre, valora o intenta predecir cómo le restan los factores ambientales a su posible rendimiento. Es decir, un atleta de élite modulará su esfuerzo en función de si el día es caluroso o no, si hace viento, si hay una alta humedad o si, por ejemplo, está lloviendo y el suelo mojado le impedirá traccionar en su zancada con la misma eficacia que si estuviera seco. En cambio, casi todos los corredores populares salimos a tope pensando en bajar de una determinada marca sin atender a cuestiones elementales como el calor o la humedad, si no hemos podido descansar bien porque nuestro bebé lleva tres noches seguidas llorando, si estamos más estresados de lo normal por algún problema en el trabajo…

El cansancio físico y mental merma nuestro estado de forma, así que si pensábamos correr un 10k en 45 minutos y hemos tenido una semana muy difícil, lo más inteligente es correr algo más lento (para ir a 46-47-48 minutos) y si nos encontramos bien, apretar en el último tercio de carrera. ¡Siempre hay margen de sobra! Pero obligarnos a salir al ritmo objetivo si no hemos descansado bien, si hemos estado algo resfriados, o si hemos tenido una semana difícil de exámenes o de viajes en el trabajo, es un ‘suicidio deportivo’.

Y ojo a la temperatura. Si hace calor nuestro rendimiento baja notablemente. Esto le pasa a los Bekele y Kipsang, pero también a los que nos apellidamos González, Pérez o Rodríguez. Muchos grados y mucho sol es un hándicap enorme. Una alta humedad, sobre todo si no estamos acostumbrados, o correr a más altitud de donde vivimos normalmente, pueden convertir en algo desagradable una carrera en la que habíamos puesto mucha ilusión.

Corremos porque disfrutamos haciéndolo, y estrellarnos contra el cronómetro los domingos está en las antípodas de lo placentero. Ya sabes, tómatelo con calma e intenta adecuar tu esfuerzo a todas las circunstancias que rodean a la carrera del domingo.