Hay una lesión muy peligrosa para el corredor popular. No duele, al menos físicamente, pero nos causa una inflamación en algún área recóndita de nuestro cerebro que nos impide ser felices haciendo lo que más nos gusta: correr. Se trata de un mal común, muy extendido, demasiado, que recibe el nombre poco científico de “Marquitis”. Consiste en querer mejorar en cada carrera nuestra mejor marca personal sobre esa distancia, de forma casi compulsiva, incluso irracional…

La “marquitis” es capaz de cambiarnos nuestro estado de ánimo, nos hace volver a casa enfadados tras correr una prueba y haberlo dado todo. A pesar de que no molesta antes de correr, suele aparecer en la parte final de la carrera o incluso tras cruzar la meta y pararnos. Ojo, puede volverse crónica. Es más, muchos se han tenido que retirar del running por culpa de la dichosa lesión, o le han cogido ‘manía’ y abandonan su práctica largas temporadas.

Lo peor de la “marquitis” es que te vuelves irascible con facilidad, nada te parece suficiente. Incluso en casos graves se ha detectado que los corredores afectados por esta dolencia varían sus hábitos, se sobreentrenan, abandonan sus grupos de entrenamientos, varían continuamente el plan marcado buscando superar sus límites de forma constante… Es más, algunos hasta dejan de tomarse la cerveza de después con los compañeros y compañeras de fatigas.

El mejor antídoto para combatir la “marquitis” es salir a correr con amigos, oxigenarse en la naturaleza, compartir salida charlando sin llevar la respiración entrecortada.

Tranquilo, tranquila, la “marquitis” se supera. Prueba a tomarte una cerveza después de correr hoy con los compañeros. Prueba a disfrutar de nuevo corriendo, de otra manera.