Un buen amigo, y corredor veterano, me dijo una cosa que se me ha grabado a fuego en la mente: “La lluvia, el mal tiempo, el calor, eso normalmente no te puede parar, pero un dolor de estómago o un apretón, hace que pare hasta al campeón del mundo de maratón”.

Sin duda, hay dolores que pueden ser más o menos llevaderos pero una punzada en el estómago, los gases, el flato, la diarrea… te arruinan tu carrera.

Aunque muchas veces esos dolores son inevitables, está en nuestras manos intentar que sus efectos sean mínimos o que no aparezcan:


  1. La digestión: no salgas a correr con el estómago lleno, es incómodo y una aberración. La digestión hace que el estómago acapare más flujo sanguíneo que durante el resto del día. Si sales a correr, ese flujo sanguíneo se irá a las piernas, a toda tu musculatura y prolongarás la digestión.
  2. Cuida lo que comes antes de correr: hay alimentos más pesados que otros (las grasas en general) y algunos que pueden generar muchos gases (algunas legumbres, algunas verduras…). Si los evitas, tu estómago irá más ligero a la carrera. No sólo el día D, sino también los días previos.
  3. Gases: cuidado con las bebidas azucaradas con gas, son una bomba para tu organismo antes de un entrenamiento. Muchos expertos relacionan los problemas de flato con bolsas de gas en tu tracto intestinal. Además, si bebes agua durante la carrera, hazlo a pequeños sorbos, para evitar tragar mucho aire.
  4. Nervios: es importante no dejarse llevar por los nervios o meternos más presión de la cuenta ya que podría repercutir en nuestro estómago. Evita las bebidas y las comidas excitantes (café, refrescos y bebidas energéticas…). Hay personas que toleran muy bien la cafeína y los excitantes, pero a muchos nos ‘destrozan’ el estómago. Además, estos refrescos suelen provocar sensación de hinchazón.
  5. La siesta: dormir inmediatamente después de comer, levantarse y salir a hacer es importante evitar hacer deporte al menos durante dos horas después de desayunar, comer, merendar...
  6. Vómitos: A veces ocurre tras un esfuerzo intenso (series, subir cuestas…). Debes medir bien qué comes, cuánto tiempo antes de correr, y si merece la pena exigirle tanto al cuerpo en determinados entrenamientos. Lo mejor, si vomitas, es parar, retomar la marcha andando y volverte a casa.
  7. Diarreas, ‘apretones’…: No está de más llevar siempre un pañuelo tipo cleenex en las mallas “por si acaso”. A veces, salir de casa con esa garantía relaja tu mente y los nervios no te juegan malas pasadas. Especialmente antes de una carrera es normal tener esa sensación. El cuerpo es sabio y elimina, o quiere eliminar lo que no necesita. Eso sí, no aguantes porque es peor. Busca un WC, un bar, un restaurante… ¡y no corras aguantando!
  8. Medicamentos: Ojo a lo que tomas antes de correr (aspirina, Ibuprofeno…), todo afecta negativamente si corres bajo sus efectos o con alguna de estas pastillas en el estómago. Si hay dolor, ¡no corras!
  9. Flato: Aunque el flato merece un post entero, ese pinchazo en el lado derecho del abdomen por debajo de las costillas suele estar relacionado con varios parámetros: correr a un ritmo más elevado del que puedes mantener, llevar mal acompasada la respiración, una mala digestión, gases, falta de musculatura abdominal… Realmente, a día de hoy, no hay una explicación clara, pero sí que varios factores intervienen en la aparición del dolor de flato. Para que no te duela, baja inmediatamente el ritmo, presiónate la zona con la mano e intenta respirar profundamente mientras corres.